Resumen: migrar a Linux sin convertir el cambio en una apuesta
Pasar de Windows a Linux no debería empezar borrando el disco. La migración más segura consiste en separar tres decisiones: si el hardware funciona correctamente con Linux, si las aplicaciones esenciales tienen una alternativa viable y si realmente necesitas conservar Windows. Un Live USB permite probar Wi‑Fi, sonido, Bluetooth, gráficos, suspensión, cámara, impresora y pantallas sin modificar el almacenamiento. Una máquina virtual ayuda a aprender el escritorio y los comandos. El dual boot mantiene ambos sistemas disponibles y una instalación completa sustituye Windows cuando ya no existe una dependencia real.
Antes de modificar particiones hay que realizar una copia de seguridad verificable. No basta con sincronizar archivos en una carpeta del mismo disco: conviene disponer de una copia externa y comprobar que puede abrirse desde otro equipo. Guarda además marcadores, datos de correo que no estén sincronizados, claves SSH, perfiles importantes y las claves de recuperación de BitLocker. Si vas a instalar Linux junto a Windows en la misma unidad y BitLocker está activo, el instalador de Ubuntu puede no ser capaz de interpretar con seguridad la estructura de la unidad. La documentación oficial recomienda resolver el cifrado antes de una instalación paralela en esa unidad.
También conviene revisar Fast Startup e hibernación cuando Linux vaya a acceder a una partición NTFS usada por Windows. Un Windows hibernado puede dejar el sistema de archivos en un estado que Linux no debe modificar. En equipos modernos se recomienda conservar el mismo modo de arranque UEFI que utiliza Windows. La partición EFI existente suele reutilizarse sin formatearla; no hay que crear una segunda por rutina. Secure Boot tampoco debe desactivarse automáticamente: varias distribuciones modernas lo soportan, aunque ciertos controladores o módulos externos pueden requerir pasos adicionales.
La distribución debe elegirse por soporte de hardware, política de actualizaciones y preferencias de escritorio. Ubuntu y Linux Mint ofrecen una transición familiar para muchos usuarios; Fedora Workstation integra tecnologías recientes y SELinux; Debian prioriza un ciclo estable; openSUSE ofrece YaST y variantes estables o rolling; Arch proporciona un sistema muy configurable con mayor intervención del usuario. Probar dos o tres Live USB aporta más información que una lista genérica de “mejores distros”.
Las aplicaciones deben auditarse una por una. Muchas tienen versión nativa, otras pueden sustituirse y algunas funcionan mediante Wine. Wine es una capa de compatibilidad, no una máquina virtual, y no garantiza que cualquier programa funcione. Para juegos, Steam Proton ejecuta numerosos títulos de Windows, pero la compatibilidad depende del juego, la GPU y sistemas anti-cheat. Software profesional con drivers, plugins o DRM puede justificar mantener Windows en dual boot o en otro equipo.
Después de instalar Linux, actualiza con las herramientas de la distribución y utiliza su gestor de controladores en lugar de fijar paquetes antiguos encontrados en tutoriales. Migra los datos gradualmente y conserva Windows durante un período de transición. Solo cuando el flujo de trabajo diario, los periféricos y los backups estén comprobados tiene sentido eliminar sus particiones. El objetivo no es abandonar Windows deprisa, sino llegar a Linux con una ruta de regreso conocida y sin perder datos ni funciones esenciales.
Guía completa: Leer la guía técnica completa en Jesanre Stack

0 Comentarios